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Enfermedades respiratorias en los niños

Los patrones de las enfermedades respiratorias en los niños están modificados por la edad, el sexo, la raza, la estación del año, la situación geográfica y las condiciones ambientales y socioeconómicas. 

Durante el embarazo, por ejemplo, infecciones por ciertos virus pueden dar origen a neumonía en niños recién nacidos. En el primer año de vida, la ausencia de anticuerpos frente a virus habituales puede incidir en el incremento de infecciones respiratorias. Durante los 2 o 3 primeros años escolares son frecuentes los problemas respiratorios en los niños, debido a la mayor exposición al medio ambiente y por consiguiente a las infecciones.

Pero la distribución anatómica de las enfermedades respiratorias también cambia con la edad de los niños. Infecciones por estreptococo beta-hemolítico se localiza habitualmente en la nasofaringe en niños pequeños, y en las áreas amigdalar y faringea en niños mayores. En el caso de lactantes, la relativamente corta y abierta trompa de Eustaquio (parte del oído interno) permite fácilmente el acceso de microorganismos faringeos a la cavidad del oído medio y es, en parte, responsable de la mayor incidencia de otitis media (infección de oídos). 

Ahora bien, la incidencia y gravedad de las enfermedades del aparato respiratorio varía muy poco en función del sexo: las infecciones de vías bajas (bronquios, pulmones) son ligeramente más frecuentes en los niños que en las niñas de los 6 años. Las enfermedades pulmonares no infecciosas en la infancia tienen por lo general una incidencia similar en ambos sexos, a excepción de raras enfermedades ligadas al sexo como la enfermedad grunolomatosa crónica.

Las variaciones estacionales inciden también en las infecciones respiratorias, teniendo gran importancia clínica. Los virus más frecuentes aparecen en forma epidémica durante los meses de invierno y primavera, en tanto que las infecciones por micoplasma (hongo) son más frecuentes en otoño y a principio del invierno. Los síntomas asmáticos relacionados con el polen aparecen casi siempre en primavera, verano y comienzos del otoño; los síntomas debidos al polvo en casa y al moho son más frecuentes cuando el niño está confinado en la casa durante el tiempo frío; el asma, relacionado con infección, también es más frecuente durante los meses fríos. Los niños que viven en casas en las que ambos padres fuman, presentan infecciones respiratorias con más frecuencia. Además, las áreas con altos niveles de contaminación ambientales predisponen a las infecciones respiratorias y a episodios de asma frecuentes.

Aunque la frecuencia no varía, la gravedad de las enfermedades de vías bajas generalmente es menor en las clases sociales medias que en las bajas, lo que puede reflejar diferencias en el estado de nutrición y en la disponibilidad de atención sanitaria.


El resfriado común

Una de las quejas más frecuentes en los niños es la nasofaringitis o resfrío común, que es un padecimiento de evolución autolimitada producida por diversos virus, tales como: el rinovirus, adenovirus y muchos otros. El niño promedio puede sufrir 12 resfriados al año. Los pequeños se quejan por lo general de congestión nasal, tos, estornudos, fiebre y malestar general. Los síntomas suelen culminar a los 2 o 3 días, pero puede haber cierta congestión y malestar general por varios días más. 

Para el tratamiento del resfriado común se pueden aplicar ciertos principios generales:

  • La humedad suaviza las secreciones nasofaríngeas y evita la sensación de sequedad. Esto es muy útil particularmente en invierno, cuando la humedad dentro de la casa puede ser baja. La humedad se obtiene con vaporizaciones o humectantes ambientales (humidificadores)

  • Ingerir abundantes líquidos contribuye a mantener la hidratación y puede servir de expectorante, por eso es una de las recomendaciones más comunes. Se ha comprobado que los líquidos calientes alivian parcialmente el resfrío porque aceleran la velocidad del moco nasal. En particular, el caldo de pollo facilita algo la emisión de las secreciones nasales.

  • Como a menudo el niño no tiene apetito, puede sobrevenir un sobredesgaste de energía que acentúa su malestar. Por eso es beneficioso ofrecerle una fuente adecuada de hidratos de carbono. Los caramelos duros y las pastillas refrescantes tienen la ventaja adicional de aliviar el malestar leve de garganta.

  • En el caso de lactantes, se pueden depositar una o dos gotas de solución fisiológica en cada fosa nasal para ablandar las secreciones nasales, y se aspira posteriormente con suavidad con una jeringa de goma. 

  • En el resfriado común las medicaciones deben estar encaminadas a aliviar síntomas específicos. Los diversos anti-histamínicos y descongestionantes, solos o en combinaciones, son eficaces para muchos síntomas clásicos de la nasofaringitis como tos y estornudos, pero no se ha demostrado que las combinaciones sean más eficaces que los anti-histamínicos solos. En general, no conviene usarlos en niños menores de un año. Aunque estos medicamentos muchas veces alivian los síntomas no se ha comprobado que modifiquen la evolución de la enfermedad ni que eviten complicaciones bacterianas como otitis media, bronquitis o neumonía. La aspirina y el acetaminofen son buenos antipiréticos (descongentisonantes) y analgésicos que alivian el dolor de cabeza y el malestar general.

  • Muchas veces la nasofaringitis se acompaña de tos y en el comercio existe un sinnúmero de preparados para atenuarla que pueden ser eficaces, pero lo mejor es buscar la causa y tratarla como debe ser. 

  • Los antibióticos tampoco desempeñan ningún papel en el resfrío común y sólo se deben prescribir para las complicaciones bacterianas tales como faringitis estreptocócica y otitis media.

  • La automedicación no es aconsejable y mucho menos en niños, por lo que necesariamente se debe consultar al pediatra, quien es la persona capacitada para cualquier medicación y quien, además, está actualizada en contraindicaciones de fármacos. 

  • Antes de darle a un niño un medicamento hay que tomar en cuenta que en México, la Secretaría de Salud suspendió recientemente la venta de más de 50 productos antigripales que contienen una sustancia llamada fenipropanolamina (PPA ), debido a que los resultados de un estudio realizado en Canadá la relacionan con casos de derrames cerebrales. En los centros de salud se puede consultar el listado de medicamentos, entre los que se encuentran Contac, Desenfriol, Desenfriolito, XL-3, Dimetap y Dimacol.

Dr. Ulises Rico
Fuente: www.universoe.com 

 

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