Fobias

Aunque los miedos y las fobias son bastante
comunes en la población general, un alto porcentaje de las personas
que los padecen, no suelen buscar ayuda profesional.
Desde el punto de vista psicopatológico (observación de las causas
y naturaleza de las enfermedades mentales), se debe establecer la
distinción conceptual entre el ‘miedo’ y la ‘fobia’.
Mientras el miedo es una perturbación angustiosa del estado de
ánimo ante una amenaza concreta, conocida, externa y no originada
por un conflicto, el término ‘fobia’ se utiliza para denotar
reacciones de miedo intensas acompañado de conductas evitativas
hacia situaciones (reales o anticipadas) u objetos que no suelen
producir daño y a los que la mayoría de las personas pueden
enfrentar sin dificultades. En el caso de la fobia, la evitación se
produce porque al quedar fuera de contacto con el objeto o
situación fóbica, el miedo desaparece y con él la ansiedad.
Marks (1969) señaló ciertos requisitos para conceptuar a las
fobias, tales como:
-
Miedo desproporcionado
en función del carácter amenazante de la situación, o sea,
claramente superior al esperable dadas las circunstancias.
-
Evitación de la
situación temida debido al miedo.
-
Consciencia de parte de
la persona de la inexistencia de una posible explicación
lógica del fenómeno, es decir, del carácter irracional del
mismo.
-
Imposibilidad de
controlarlas voluntariamente.
-
Causan cierto grado de
sufrimiento o malestar.
Para entenderse como tales, se debe tener en
cuenta la presencia en la persona de la sensación de miedo y no
sólo el componente del escape, ya que aunque no se produzca la
evitación propiamente dicha, el simple deseo de hacerlo o de
tolerar la situación fóbica a expensas de un alto grado de
malestar y ansiedad, es suficiente para hablar de una fobia.
A lo largo del tiempo, varios esfuerzos se han hecho para
categorizar a las fobias. Actualmente, la Asociación Americana de
Psiquiatras contempla tres formas básicas de fobias:
Agorafobia
Este tipo de fobia se presenta en un 0,6 a un 6% de la población, y
mayormente en mujeres.
Lo que produce la agorafobia es, ansiedad o temor ante una
situación en la cuál escapar resulte difícil o embarazoso o en la
que no se podría obtener ayuda. También se teme a la posibilidad
de experimentar una crisis de angustia o síntomas similares a la
angustia.
Un componente característico de esta fobia es el temor a la
aparición de la ansiedad, o sea, el miedo al miedo. Estos
sentimientos provocan, en las personas que lo padecen
comportamientos de evitación, restringiéndose en su libre
movilidad hasta llegar al grado de eludir el salir de sus casas o el
viajar sin alguien que los acompañe.
De no eludir dichas situaciones, los individuos son capaces de
tolerarlas, pero sufriendo de una excesiva ansiedad. Con frecuencia,
a las personas que padecen de agorafobia les es más fácil
enfrentarse a este tipo de situaciones si están acompañados de
alguien conocido.
Las situaciones que son comúnmente más evitadas son el encontrarse
lejos del hogar, en un ascensor, en un avión, automóvil, en un
lugar cerrado, en medio de una multitud o en espacios abiertos.
Estos comportamientos de evitación pueden provocar un deterioro en
sus actividades diarias, tales como ir al trabajo o realizar las
tareas domésticas.
Si la evitación de situaciones se circunscribe a una o pocas
situaciones específicas, se debe considerar el diagnóstico de
fobia específica. Igualmente, si lo que se evita son exclusivamente
situaciones sociales, se podría tratar de una fobia social.
Para el tratamiento de la agorafobia se recomienda una combinación
de terapia farmacológica y formas específicas de psicoterapia.
La medicación farmacológica puede ser muy efectiva para mitigar
los síntomas de ansiedad.
Con respecto a la psicoterapia, se ha demostrado la eficacia de la
terapia cognitiva-conductual para este tipo de trastorno. El fin de
la misma es enseñarle a las personas a responder de manera
diferente a las sensaciones corporales desatadas por la ansiedad y a
manejarse de distinta manera frente a situaciones estresantes. Para
esto se suele utilizar una técnica llamada reestructuración
cognitiva.
A su vez, la terapia conductual sea grupal y/o individual sirve para
cambiar comportamientos específicos indeseables de las personas.
También se incluye la terapia de exposición que es una técnica
por la cuál se expone gradualmente a las personas a las situaciones
temidas.
La psicoeducación es otra herramienta importante mediante la cuál
se le informa a la persona sobre los síntomas típicos de esta
fobia, permitiéndole anticiparse y disminuir la ansiedad que
provoca la incertidumbre.
Fobia específica
La fobia específica es más frecuente que la fobia social, siendo
el trastorno mental más común en las mujeres y el segundo más
común entre los hombres, después de los trastornos relacionados
con sustancias. La prevalencia anual varía entre el 10 y el 11,5%.
Las mujeres suelen padecer de fobia específica casi el doble que
los hombres, en todos los tipos de fobia especifica, menos en
relación con el miedo a inyecciones, en donde las proporciones se
equiparan.
Las fobias específicas pueden desarrollarse al haber presenciado o
sufrido un evento traumático altamente conmocionante. Si bien este
tipo de fobia suele ser duradera, no es común que ocasione serios
déficits en el área laboral o social, a no ser que la fobia se
relacione con un estímulo al que el sujeto suele estar expuesto.
La fobia específica se caracteriza por un marcado y persistente
miedo irracional y excesivo (reconocido así por los adultos y
adolescentes, pero no por los niños), originado por la presencia o
anticipación a objetos o situaciones claramente discernibles y
circunscriptos. El estar frente al estímulo fóbico provoca en el
sujeto una respuesta ansiosa. La mayoría de las veces, este
estímulo es evitado, de ser experimentado será a costa de un sumo
terror.
Para que la fobia específica sea diagnosticada, el miedo o ansiedad
de anticipación y la evitación del estímulo fóbico debe provocar
un detrimento significativo en las actividades cotidianas del
sujeto. En el caso de los menores de 18 años, los síntomas deben
haber durado más de seis meses.
No se habla de fobia específica si la persona no reconoce la
irracionalidad o lo excesivo del temor. Tampoco en el caso que el
miedo sea considerado adecuado al contexto en el que se produce (por
ej. , miedo a recibir un disparo en un barrio peligroso).
Para indicar el objeto del miedo o la evitación en la fobia
específica, se pueden distinguir los siguientes subtipos:
-
Tipo animal (miedo a
animales o insectos)
-
Tipo ambiental (miedo a
situaciones relacionadas con la naturaleza y los fenómenos
atmosféricos, como tormentas, truenos, precipicios o
agua)
-
Tipo
sangre-inyecciones-daño (miedo a ver sangre o heridas, a
recibir inyecciones u otras intervenciones médicas de carácter
invasivo)
-
Tipo situacional (miedo
a situaciones específicas como transportes públicos, túneles,
puentes, ascensores, aviones, automóviles o recintos cerrados)
-
Otros tipos (miedo a
otros estímulos como pueden ser las situaciones que llevan al
atragantamiento, al vómito, a la adquisición de una
enfermedad, fobia a los ‘espacios’ -miedo a caerse si no hay
paredes u otros medios de sujeción- y el miedo de los niños a
ruidos fuertes o a personas disfrazadas)
Según el tipo de fobia específica, va a variar
la edad de inicio de la misma. Para la fobia situacional, hay dos
picos de inicio, uno en la mediana edad y otro a los 30 años
aproximadamente. En el caso de la fobia ambiental, el inicio suele
darse en la segunda infancia, aunque en el caso de miedo a las
alturas, suele aparece a principio de la edad adulta. También en la
segunda infancia es cuando es probable que se inicie las fobias de
tipo animal y sangre-inyecciones-daño.
El tratamiento de la fobia específica más utilizado por su
efectividad, es la terapia de exposición, en donde el terapeuta
debe desensibilizar al paciente mediante una serie de
autoexposiciones graduales del paciente ante el estímulo fóbico. A
su vez, se le enseña al paciente distintas técnicas para controlar
la ansiedad, que incluyen la relajación, el control de la
respiración y abordajes cognitivos de la situación (refuerzo de la
idea de que la situación que provoca ansidad no es
peligrosa).
Fobia social
La fobia social suele aparecer típicamente en la adolescencia, y
suele haber antecedentes infantil de timidez o inhibición social.
No obstante, la aparición de la fobia social puede surgir
bruscamente luego de haber experimentado una situación humillante o
estresante, o bien puede aparecer lentamente.
Los datos que arrojan los estudios epidemiológicos con respecto a
la prevalencia global de este trastorno oscilan entre el 3 y el 13%.
El curso de este trastorno fluctuará dependiendo de las demandas de
actuación social de las diferentes etapas vitales y de la
estabilidad de los círculos sociales a los que el individuo se
vincula. De tal manera, los síntomas de la fobia puede reagudizarse
ante algún cambio que implique relacionarse con gente desconocida.
Lo que distingue a la fobia social de la fobia específica es que en
este caso ese miedo o temor intenso y persistente sufrido por la
persona es en referencia a situaciones o actuaciones sociales en las
cuales el individuo siente que puede exponerse a personas
desconocidas, a ser observado por los otros. Lo que es temido por
estos individuos es el demostrarse ansioso ante los demás, a pasar
por una situación embarazosa, es decir, a la humillación pública.
El enfrentarse a éstos estímulos le provoca al sujeto una
inmediata respuesta de ansiedad que puede llegar a adoptar la forma
de crisis de angustia, aunque ellos mismos reconocen que su miedo es
irracional. Ese temor resulta en una clara evitación de situaciones
sociales, o en un despliegue de sintomatología ansiosa por haberlas
enfrentado.
Es necesario que tales síntomas (ansiedad de anticipación, temor)
o las evitaciones perjudiquen marcadamente el funcionamiento diario
de la persona o su bienestar personal para que se pueda hablar de
fobia social. En el caso de personas menores de 18 años, la
duración de los mismos debe de ser mayor a los seis meses.
Un sujeto que padece de fobia social, al estar frente a un evento en
público, ya sea hablar frente a un grupo de gente, comer, beber o
escribir, experimentan una constante preocupación por la
posibilidad de que los demás los perciban como loco, ansioso,
débil, además de creer que la situación pueda resultar
embarazosa. Ante las situaciones sociales temidas, es muy común el
enrojecimiento.
Otro problema que acarrea, es la posibilidad de aparición de una
marcada ansiedad anticipatoria, mucho tiempo antes de afrontar tal
situación, pudiéndose formar un ciclo vicioso. De esta manera la
persona comenzaría sufriendo de ansiedad anticipatoria que le
producirían ideas y síntomas de ansiedad mientras se encuentra en
la situación temida, resultando en una situación con un
rendimiento insatisfactorio real o subjetivo, generando a su vez
experiencias embarazosas y más ansiedad anticipatoria,
sucesivamente.
En el DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos
mentales), se menciona que este trastorno puede llegar a
especificarse como generalizada, si el miedo padecido se relaciona
con la mayoría de las situaciones sociales, ya sea actuaciones en
público, interactuar con otros, etc. Estos individuos sufren un
gran deterioro en sus relaciones sociales y laborales, debido a las
deficiencias en sus habilidades sociales.
El tratamiento de la fobia social suele consistir en terapia
cognitiva de tipo gradual, junto con medicación específica. La
terapia puede realizarse, ya sea de forma individual o grupal,
observándose mejorías en pocas semanas de comenzado el
tratamiento.
Para el caso de la fobia social generalizada, la psicoterapia suele
consistir en una combinación técnicas conductuales y cognitivas,
tales como la reestructuración cognitiva, la desensbilización, los
ensayos durante las sesiones y la asignación de tareas para la
casa.
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