El fumador pasivo

Entre 37.000 y 40.000 personas mueren anualmente
por esta causa
El no fumador respira el humo resultante de la quema del cigarro y
lo que el fumador exhala de sus caladas. Este humo es una fuente de
contaminación de espacios interiores en el que se han identificado
4.000 químicos, algunos de los cuales posee propiedades irritantes.
60 de ellos contienen, además, reconocidas sustancias cancerígenas.
El tabaquismo pasivo supone un alto riesgo para la salud del no
fumador. Cada año mueren cerca de 3.000 personas que han estado
expuestos al humo del tabaco ambiental. Los fallecimientos se
vinculan a labores de camarero u oficinista. Unos 240 niños menores
de un año mueren cada año por problemas asociados al humo de los
cigarrillos.
La organización médica establece que la exposición al humo de una
hora equivale a fumarse tres cigarrillos. El 12% de los no fumadores
son fumadores pasivos de hasta 8 horas al día, y cerca de un 40%
está expuesto al humo al menos una hora diaria.
Las consecuencias de la inhalación del humo de tabaco ambiental
aumenta el riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón, nasal, de
mama y otro tipo de tumores. Asimismo, eleva el riesgo de sufrir
enfermedades cardiovasculares y respiratorias. En el caso de los niños,
existe una predisposición a padecer otitis y trastornos pulmonares
como asma, bronquitis y neumonía.
La exposición constante al humo del tabaco ambiental –en el lugar
de trabajo o en casa- dobla el riesgo de padecer un ataque cardíaco,
según se establece en un estudio clave en el que se analizó a
32.000 mujeres. La investigación de 10 años de duración encontró
un riesgo mayor de padecer enfermedades en fumadores pasivos. Entre
37.000 y 40.000 personas mueren anualmente de fallos de corazón y
enfermedades circulatorias causadas por el humo de otros fumadores.
Existe evidencia de que el humo del tabaco ambiental tiene un
impacto nocivo en la salud del fumador pasivo a largo plazo. El fenómeno
provoca 600 casos de cáncer de pulmón anuales y miles de casos de
enfermedades del corazón en Reino Unido.
La industria del tabaco perpetúa el mito de la controversia sobre
la peligrosidad de humo del tabaco ambiental. La realidad es que las
únicas personas que cuestionan esta evidencia están pagadas por
las tabacaleras.
La nicotina, la sustancia del cigarrillo que mayor adicción genera,
provoca un aumento en la presión sanguínea y aumenta el ritmo de
los latidos del corazón. Los fumadores pasivos que padecen de alta
presión o colesterol son los más vulnerables a los efectos del
humo del tabaco.
Además de los efectos en la salud a largo plazo, el humo es muy
molesto para los ojos y la garganta, y puede provocar ataques de
asma en aquellos que padezcan esta enfermedad.
En enero de 1993, se anunció que se consideraba el humo de tabaco
ambiental como un potente cancerígeno y como toxina peligrosa. El
informe "Efectos del humo ambiental en la respiración de los
fumadores pasivos: Cáncer de pulmón y otras enfermedades"
concluye que el humo de tabaco ambiental supone un riesgo serio para
los no fumadores, especialmente para los niños.
En 1988 un juez de distrito de Carolina del Norte, representando la
demanda de la industria tabacalera, ignoró numerosa evidencia científica
y decidió que el informe de EPA contenía inexactitudes científicas
y que no lograba demostrar con datos que las enfermedades habían
sido provocadas por el humo del tabaco. Posteriormente, se descubrió
que varias tabacaleras habían pagado a los científicos para que
efectuaran falsas declaraciones sobre el asunto. |