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Piercing

 

El piercing es una técnica más del llamado body art, moda que ha ganado adeptos rápidamente entre los jóvenes en los últimos años. En muchas culturas antiguas es una costumbre frecuente, pero ha sido en la última década cuando esta práctica se ha puesto de moda en el mundo occidental. El significado de esta afición supera a menudo el simple deseo de obtener una imagen más bella: provocación, rebeldía, individualización, atractivo sexual o trastornos mentales, forman parte del abanico de motivos que llevan a perforarse zonas del cuerpo tan sensibles.

Es esta una técnica no exenta de riesgos, requiere un conocimiento exhaustivo de la zona anatómica, para evitar la manipulación quirúrgica de vasos, nervios u otros tejidos que impliquen un mayor riesgo de hemorragia, cicatrización anormal y otras complicaciones. La aguja o catéter deben ser estériles, y el adorno (anillo, bola, arco, cadena) debe además estar fabricado con material con bajo riesgo de sensibilización.

El uso de los antisépticos y anestésicos locales debe regirse por las normas habituales, teniendo en cuenta fundamentalmente los riesgos de alergia. Sin embargo, según un estudio publicado por la revista Pediatric Emergency Care, realizado en California, los empleados de las tiendas de piercing tienen un escaso entrenamiento sanitario, desconocen la anatomía básica, las medidas de asepsia aconsejables y utilizan sustancias como el cloruro de benzalconio o aleaciones de metales con níquel, capaces de provocar alergias cutáneas.

La perforación con fines estéticos está contraindicada en:

  1. Mujeres embarazadas.

  2. Menores de edad.

  3. Personas con historial de cicatrices queloides o que hayan tomado recientemente isotretinoina para el tratamiento del acné, ya que están referidas cicatrices anormales en el periodo posterior a dicho tratamiento.

  4. Individuos con dermatosis cutáneas que presenten el fenómeno de isomorfismo (reproducción de la lesión de la enfermedad en las zonas traumatizadas) como psoriasis o liquen plano.

  5. Personas con dermatosis infecciosas activas, como verrugas víricas, herpes o infecciones bacterianas de la piel, que pueden extenderse a la zona traumatizada.

  6. En los sujetos que presentan dermografismo, ya que por la alta reactividad cutánea a traumas mecánicos, no son buenos candidatos para esta práctica.

  7. Pacientes con discrasias sanguíneas, enfermedades congénitas del corazón o en tratamiento con medicamentos anticoagulantes.

Lo más importante es tener en cuenta sobre todo las motivaciones estéticas no reparadoras, los trastornos psicológicos o las alteraciones de la personalidad.

 

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